“A los profesionales cubanos les debo mi vida”
Un día Rubén Hurtado empezó a consumir drogas. Lo hizo por curiosidad, sin imaginar las consecuencias para su vida. Casi lo pierde todo, principalmente la familia y fue ahí cuando decidió buscar ayuda especializada para salir de la adicción. Tras varios ingresos llegó a Cuba. Hoy continúa sano.
5 marzo, 2026 por
“A los profesionales cubanos les debo mi vida”
CSMC, S.A
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Rubén Hurtado Olayo se considera hoy un hombre sano, pero no siempre fue así. A los 35 años de edad inició un camino del que le costó salirse: el consumo de estupefacientes. Lo hizo por curiosidad, para elevar el rendimiento en su trabajo y por lograr aceptación en un grupo de amigos de aquellos tiempos. Ellos también consumían, y en el afán por querer estar dentro casi lo pierde todo, principalmente a su familia.

Según cuenta, trató de esconder la adicción por varios años, pero al cabo de una década la familia notó cambios drásticos en sus comportamientos. Al principio se sorprendieron, porque él había sido siempre un líder en el hogar, y muy saludable. Pero nunca lo dejaron solo y lo apoyaron de forma incondicional cuando él buscó ayuda profesional. Para ese entonces la cocaína había hecho estragos en su vida personal y laboral.

Aunque nacido en México, Hurtado Olayo es ciudadano estadounidense. En los Estados Unidos (EE. UU.) tiene una compañía en la que todo marchaba bien; sin embargo, el consumo de drogas le llevó a afectaciones económicas y mentales: empezó a fallar en el trabajo, dejó de ir a la iglesia y a alejarse de todas las personas a su alrededor.

En medio de esa realidad, ingresó a una de las mejores clínicas para tratar adicciones de su país natal, pero la estancia resultó breve y no encontró ni la tranquilidad ni el enfoque necesario para una completa rehabilitación: “Estuve cerca de un año limpio, mas regresé al mismo ambiente, y recaí”, detalla.

Fue entonces que un sobrino, exestudiante de Medicina en la provincia de Las Tunas, en Cuba, le recomendó venir a tratarse la adicción, específicamente en la Comunidad Terapéutica Internacional Cocal-Quinqué, ubicada en Holguín.

“Lo pensé muchas veces. Traté de viajar, pero la adicción y los nervios por no conocer a nadie aquí me detenían. Un día me decidí y llegué a este centro de salud. Los primeros momentos fueron con miedo, pero me dediqué, porque quería salir de esto y ser un hombre mejor”, refiere Rubén.

Después de dos o tres semanas en la institución se sintió mejor y empezó a relacionarse con otras personas, tanto pacientes como trabajadores, a quienes cataloga de amables, acogedores y muy profesionales. A medida que pasaban los días, apunta, su estado de ánimo y salud mejoraban y ganaba en confianza; se enfocó cada vez más y permaneció los tres meses que requiere la terapia.

Durante su primera estancia en Cocal-Quinqué conoció de la rigurosidad de las leyes en Cuba con respecto a las drogas y encontró el sosiego y un equipo multidisciplinario de especialistas que le ayudaron. Allí estudió, aprendió y se recuperó.

En su opinión, la rehabilitación en Cuba posee particularidades que contribuyeron a esos positivos resultados: el tiempo de tratamiento, la atención integral y personalizada acorde con las necesidades de cada paciente, la incorporación de habilidades, herramientas y nuevos conocimientos mediante terapia ocupacional y cursos, lo cual favorece una mejor reinserción social e, incluso, convivir en entornos con drogas sin recaer en el consumo, que es el propósito principal del programa cubano.

“Luego de los 90 días reglamentarios internado, permanecí un mes en la ciudad de Holguín para asegurarme de que estaba bien, ver qué más necesitaba. Entonces volví a los Estados Unidos y tuve otra recaída. Pasé dos meses muy mal. Regresé a Cocal-Quinqué tan pronto pude e ingresé por tres semanas, y al encontrarme de alta médica decidí establecerme en Holguín y, hasta ahora, me va muy bien. La rehabilitación es de por vida, pero física y mentalmente me siento perfecto, eso me gusta y pienso radicar aquí porque este es mi lugar, y estoy cerca de quienes hace años me acogieron como familia y me han salvado”, expresa el mexicano-estadounidense, devenido cubano.

El mayor deseo de Hurtado Olayo es continuar sano y recuperar por completo a su familia, amigos y todo lo que casi perdió por las drogas. Sabe, de primera mano, la capacidad de destrucción de los estupefacientes; por eso advierte la importancia de no empezar y, a la vez, recomienda a quienes tienen la necesidad y pueden tratarse en la Comunidad Terapéutica de Holguín, porque —argumenta— allí encontrarán un excelente ambiente y profesionales que los atenderán con respeto y dignidad.

Por: Beatriz Vaillant Rodríguez
Tomado de la Revista Destino Salud


“A los profesionales cubanos les debo mi vida”
CSMC, S.A 5 marzo, 2026
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